|
Todo el pedo empezó a las 4:37 de la madrugada. Lo sé porque cuando me levanté volteé a ver el reloj de mi cuarto. Estuve dando vueltas de un lado al otro de la cama con un punzante dolor estomacal. Con el pasar de los minutos, el dolor se intensificó a niveles inhumanos. Comenzé a sudar mientras me retorcía hasta el punto en que el dolor no me permitía respirar. Me levanté encorvado y me dirigí tambaleante al baño. Abrazando la taza con todas mis fuerzas comencé a vomitar copiosamente mientras mi estómago se convulsionaba sonoramente. El vómito brotando de mi nariz me hacía imposible respirar y las lágrimas escurrían de mis ojos mientras el dolor recorría a dentelladas por mi cuerpo. Sentí de pronto la necesidad de defecar pero no pude parar el vómito. A como pude, me senté en la taza mientras intentaba vomitar por entre mis piernas y la diarrea salpicaba en el inodoro convirtiendo mi cuerpo en una horrenda orgía de asquerosos deshechos estomacales. El dolor se volvió insoportable. Mis extremidades perdieron su fuerza mientras jadeaba sollozante entre cada sesión de vómito y diarrea. Cerraba los ojos desesperado tratando de pensar que el dolor sólo está en la mente; que esto se terminaría pronto y al día siguiente estaría bueno y sano. Sin embargo, con los ojos cerrados mi cerebro sólo se concentraba en el dolor. Imaginaba decenas de agujas atrevesando mi vientre; a mis entrañas siendo sercenadas por un rayador de queso. Nuevamente me quedé sin aire. Rezaba a Dios que me quitara el dolor, que me perdonara por ser tan pendejo, pero que por favor me quitara ese pinche dolor insoportable... -------------------------------------------------------------------- Frente a un demacrado y pálido cadáver, un grupo de residentes se encontraban, libreta y pluma en mano, esuchando atentos la plática del doctor de planta. "¿Que podrían decirme de éste, Muchachos?" La expresión de dolor y sufrimiento se habían plasmado con arcilla de muerte en el rostro del examinado. Al fondo, uno de los residentes se desmayó y comprendió, gracias a este evento, que la medicina no era su profesión. Sin la más remota idea de lo que le había pasado al difunto, los residentes examinaban con incertidumbre el cadáver. Pronto, uno de ellos comentó con un dejo de duda: "Parece ser un caso de indigestión..." Casi se dibujó una sonrisa nanosecúndica en el rostro del médico de planta antes de completar el diagnóstico: "Este, señoras y señores, es efectivamente un caso de indigestión. El individuo en cuestión murió esta madrugada por la excesiva ingesta de orgullo." ------------------------------------------------------------ Y aquí estoy yo. En el pinche infierno. Condenado al sufrimiento eterno porque el cielo no es para los pendejos como yo; y mucho menos para aquellos que pecamos de gula por tragarnos constante e indiscriminadamente nuestro pinche orgullo. |
| yo...mera March 6, 2007 07:00 PM PST shale! pobre buho....tal vez cuando resucites, puedas encontrar un remedio para no tragar tanto....saludos!!! | ||
| Diablo March 9, 2007 12:39 AM PST Hay que ser orgullosos, pero no tanto saludos buho | ||
| Yo soy ella March 12, 2007 01:53 PM PDT A cabron!!!! que chingon post. No paré de reirme e imaginar cosas como wacala que ricooo. Yo por eso mi orgullo lo cocino, hiervo y frio antes de tragarmelo, eso de comer cosas crudas no es bueno pal' estómago. Gracias por pasar, nos seguiremos leyendo. | ||
| Mulder March 15, 2007 12:40 PM PDT Buho, acabo de ponerme al corriente en tu blog, como siempre una delicia leerte. Quise comentar en cada post, pero te facilito la labor: sublimes todos. Hubo 2 o 3 que especialmente me gustaron porque me vi reflejado, tienes esa gran habilidad cabrón. Saludos, nos estamos viendo. | ||
| Yo soy ella March 16, 2007 02:17 PM PDT Post post post | ||
| Leave a Comment: |