Pinche Buho





Buho habla de él mismo en tercera persona, si así lo desea.



   

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Lic. José Aurelio Tamez Teillery
8.6.05
La górgona

Se encontraba vagando a través de enormes formaciones rocosas. Era ya avanzada la noche y cometió el error de alejarse de la fogata. Tal vez fué el impresionante paisaje o la luna que se reflejaba en las enormes rocas blancas como si fueran espejos gigantes, pero pronto se encontraba demasiado lejos del campamento como para poder regresar. Siguió caminando y se topó con un pequeño lago, y a su orilla, observó la silueta de una mujer. Hermosos cabellos ondulados y una complexión delgada. Se acercó un poco más y pudo escuchar que lloraba amargamente. Su corazón se conmovió por el llanto tan desgarrador de la muchacha y decidió acercarse para ver qué sucedía.

Cuando se acercó lo suficiente, ella notó su precencia e intentó ocultar su llanto. El viajero pronto se dió cuenta que el cabello de la muchacha no eran hermosos rizos que se movían con el viento de las montañas, sino un grupo de viciosas serpientes que habitaban en su cabeza. Desesperado, trató de buscar un espejo o quizá algún escudo de bronce, pero era inútil: esas cosas no estaban a su alcance. La muchacha se acercó a él y le dijo: "no te preocupes, no quiero hacerte daño". No pudo controlar su curiosidad y la miró a los ojos. Extrañado, se tocó el rostro y notó que no había sucedido nada malo. Por fin se atrevió a preguntar: "¿No eres una górgona?" La muchacha nuevamente rompió en desconsolado llanto mientras él trataba de calmarla. La górgona le explicó que había perdido sus poderes, o que quizá nunca los había tenido. Se sentía decepcionada de sí misma por no poder convertir a los hombres en piedra.

Enternecido por el triste relato de la górgona, el viajero decidió quedarse con ella y ayudarla a recuperar su magia. Desempacó sus víveres y en unos días se mudó a la caverna de la górgona. No tardaron en enamorarse profundamente uno del otro y juntos vivieron tiempos inolvidables. Caminaban por las montañas y pasaban las noches abrazados junto a una fogata. Eran el uno para el otro, sus corazones latían al mismo ritmo y el amor que se profesaban revasaba los límites de lo conocido. Por las mañanas salían al huerto o atendían al ganado. Cocinaban y cenaban junto a una amena charla. La górgona era una dama sumamente inteligente y comprensiva. El viajero disfrutaba de su compañía y atesoraba cada segundo que pasaban juntos.

Varias lunas transcurrieron y el amor entre la joven pareja se acrecentaba con cada día. Sin embargo, una noche mientras festejaban su cariño, ella lo miró a los ojos y le dijo unas palabras que el ya no pudo escuchar. En cuestión de instantes, su piel se había tornado rocosa y dura. A excepción de la vista, sus sentidos se apagaron inmediatamente y solo podía percibir el palpitar de su propio corazón. La górgona comenzó a llorar, pero el joven no pudo saber si lloraba de júbilo o de tristeza. Antes de retirarse, la muchacha se acercó al viajero y besó su mejilla, ocasionando que una pequeñísima piedra se desprendiera de su lagrimal derecho...

7.6.05
La Leyenda del Mal

Cuenta la leyenda que hace muchos, muchísimos años, la Tierra estaba gobernada por el mal. Sin embargo, el mal no era como ahora lo conocemos. En aquella época, el mal tenía una forma definida: era un horrendo mounstruo. Con garras enormes y dientes afilados, el mal era un demonio de una apariencia espeluznante. Sus ojos eran del color de las brasas ardientes y huesos puntiagudos salían de cada parte de su cuerpo. Tenía cuatro pares de alas similares a las de los murcielagos, pero de varios metros de longitud. El mal poseía una fuerza terrible y podía destruir las cosas con solo tocarlas. Su capacidad devastadora era tal, que estuvo demasiado cerca de extinguir a todas y cada una de las personas de la Tierra. Algunos conocían a este demonio como "Satanás", "El Diablo" o "Belcebú"; algotros simplemente lo llamaban "El Mal".

A pesar de enfrentarse a un enemigo muy poderoso, hubo personas que arriesgaron el todo por el todo para combatir a este terrible enemigo. Las batallas fueron épicas y sumamente desventajosas. Los guerreros no tardaban en morir a manos de El Mal y los ejércitos pronto se convirtieron en pequeños grupos de ataque. La moral humana estaba por los suelos y cada año que pasaba se acercaba más al final. Pero siempre hay una pequeña luz de esperanza sin importar lo difícil de la situación, y esta esperanza se dió en uno de los pueblos destruídos. En ese deshabitado pueblo, y justo al lado de la que alguna vez fué la plaza principal, vivía un herrero de una habilidad impresionante. El tiempo no ha permitido conservar el nombre real de aquel herrero, pero el resto de la humanidad lo conocería con el nombre que dió a su última gran creación: Paráz. Antes de morir, el herrero creó una espada de una complexión impresionante, casi mística. Tenía joyas y piedras mágicas en su mango. Y en la hoja, la inscripción "Paráz" cuyo verdadero significado nadie ha podido descifrar. Algunos historiadores realmente creen que en efecto, Paráz era el nombre del herrero que confeccionó la espada. Otros tantos apoyan la teoría que la palabra proviene de una serie de hechizos y conjuros para exorcisar demonios. Lo cierto es que tras la muerte del viejo Paráz, la espada yació en su taller hasta que un buen día, un joven guerrero entró casualmente al pueblo en busca de provisiones.

Después de inspeccionar el lugar y no encontrar nada de utilidad, el guerrero se preparó para dejar el pueblo. Cuenta la leyenda que antes de salir, una luz deslumbró su rostro y se vió forzado a investigar lo que sucedía. Entró al abandonado taller de herrería y al fondo, justo debajo del esqueleto del herrero, encontró a la espada de Paráz. Al empuñar la espada, el joven guerrero compendió que su destino estuvo marcado desde antes de su nacimiento. En ese momento supo que, con Paráz en su diestra, era la única persona en el mundo capaz de derrotar a El Mal. Este guerrero sería recordado como uno de los más grandes héroes de la humanidad: el Vizconde Flemmington.

Conociendo su destino, Flemmington se decidió unir a uno de los grupos de ataque que tratarían de derrotar a El Mal. Allí fué donde conoció a una encantadora muchacha de razgos finísimos y que no aparentaba ser una guerrera. Pronto se enteró que la chica era una sacerdotisa muy poderosa y que su corta estatura y delicadas facciones eran sólo inversamente proporcionales a la fuerza de su magia. Vizconde no tardó en quedar completamente enamorado de la bella sacerdotisa, pero su amor duró poco, pues en unos cuantos meses se vieron forzados a enfrentarse a El Mal.

La última batalla fué impresionante. El grupo de ataque fué reducido a dos personas. La hoja de Paráz cortaba y cercenaba al enemigo, pero no lograba destruirlo. El Mal, por su parte, no dejaba de embestir a los pobres combatientes. Afortunadamente, la sacerdotisa lograba reflejar los ataques del demonio. Y en un instante que fue casi golpe de suerte, Vizconde atravesó el cuello de El Mal con su espada. Se dice que en ese momento, el demonio retiró la espada de su cuello y grito, colérico, unas palabras incomprensibles. Al final de su ritual, lanzó la espada y ésta se hundió en el corazón de la sacerdotisa.  

En ese momento, la espada de Paráz quedó maldita. Nadie podía quitar la espada del pecho de la joven a menos que estuviera dispuesto a recibir a Paráz en su propio corazón. La única manera de liberarla era realizando un autosacrificio: había que retirar la espada de la muchacha y atravesarse voluntariamente. Poco tiempo le tomó al Vizconde Flemmington tomar la decisión de sacrificarse por su amada, e instantes después lo encontramos tirado en el suelo con la espada razgando su corazón. Pobre Vizconde no contaba con que ahora, libre y sin corazón, la hermosa sacerdotisa se convirtió en el cuerpo perfecto para ser habitado por El Mal.

Y así, una vez liberada de la maldición, la sacerdotisa fué poseída por El Mal, transformándose en uno de los enemigos más temibles que jamás surcó la faz de la tierra: La Reencarnación del Mal. Lo más espeluznante de La Reencarnación del Mal era su sonrisa. Era una sonrisa tan penetrante que se quedaba impregnada en tu mente, una sonrisa llena de odio y maldad. Su apacible y casi tierna apariencia eran sólo una distracción de la capacidad destructiva que habitaba en el fondo de su ser. Su cabello se tornó rojo como la sangre y contrastaba casi seductoramente con el blanco de su rostro. Era tan mala como bonita y tan nociva como sensual.

Cuatro años reinó La Reencarnación del Mal, manteniendo al mundo en una completa esclavitud. El único héroe capaz de librar al mundo de tal sufrimiento se encontraba sufriendo la maldición de Paráz y esperando que alguien llegase a liberarlo. Los años pasaron y cuando toda la esperanza había desaparecido, sucedió lo impensable.

Una noche, mientras el Vizconde yacía retorciéndose de dolor por la espada que desgarraba sus entrañas, se le acercó La Reencarnación del Mal y le miró a los ojos. "Aun estoy aquí mi amor" susurró en su oído. Tomó la espada y se atravesó a sí misma voluntariamente. Los gritos de dolor fueron escuchados en cada rincón de la Tierra y la hoja de la espada se hundió en su pecho que vomitaba litros de un líquido espeso y negro. Una vez bajo el yugo de la maldición de Paraz, la Reencarnación fué perdiendo su poder hasta que éste se extinguió con el tiempo y la gente pudo vivir tranquilamente nuevamente.

Nunca imaginaron que La Reencarnación del Mal no era el enemigo más devastador y poderoso que sus ojos habrían de observar... el sufrimiento a penas estaba por llegar...

La maldición de Paráz

Embriagado nuevamente con la obscura e incierta bebida celestial; Vizconde Flemmington, conocido por su asombrosa habilidad al blandir la espada, ha cometido una falacia imperdonable en vuestro honor, que sólo su ser imperfecto e impuro comprende. Os ha librado, con perfecta habilidad e impecable destreza, de la hoja de Paráz que atormentaba vuestro ser. Pero a cambio de esto, debió colocarla por voluntad propia a la altura de su corazón, e imploró a gritos que lo os atraveséis.


Dudasteis por unos instantes, como buena pecadora, pero habéis caído ante su encanto y habéis destruido, con limpio y sencillo movimiento de muñeca, el alma de éste.


Vizconde yace en el piso, contemplando la atrocidad de sus actos, e intentando desesperada e inútilmente de desgarrar la brecha del tiempo, para así evitar que ultrajarais su persona.


Vizconde yace inmóvil, fantaseando sobre su incierto futuro.


Vos, al sosegar vuestro dolor, dais la vuelta y desaparecéis entre mundo de las tinieblas, del cual no debisteis haber salido.


Vizconde Flemmington ha jurado no morir y no pedir ayuda. Ahora están solos, él y Paráz; quien a cada movimiento de éste, desgarra impresionante e impíamente sus entrañas y su ser.


Esperará más de una eternidad, hasta que llegue aquella figura fantasmal de sus más obscenos e íntimos sueños; en los que ella, la toda pura, la toda virgen, retiraba con esmero la hoja de Paráz, y la arrojaba hasta los abismos más profundos del mismo averno.


Y allí yacerá dicha espada, por lustros, décadas y siglos, hasta que llegue aquel lo suficientemente osado y lo suficientemente orgulloso para poder soportar la maldición. Ésa maldición con la que carga Paráz.


¡Apresurad, adúltera doncella! Que el tiempo se acaba, y la maldición de Paráz terminará por desterrar y erosionar el alma de su infortunado receptor.


Vizconde Flemmington respira hondo. Sueña y a la vez anhela, desde el más recóndito punto de su ser, conque dicha figura fantasmal, dicha fémina, seáis vos.


6.6.05
CEO

Se encontraba frente a un alto edificio corporativo. Atravesó la puerta giratoria y se dirigió a la recepción.

-Licenciado, ¿qué hace usted aqui? -Preguntó una de las recepcionistas.
-Vengo a hablar con el gerente principal del área de memoria.
-Este... pues supongo que usted no necesita cita ¿verdad? Pase por favor, veré que lo reciba. Piso número 24.
-Gracias.

Subió al asensor y pronto llegó a la oficina. El gerente estaba arreglándose su cabello para verse lo más presentable posible.

-Bu... buenos días licenciado ¿a que debemos tan importante visita el día de hoy?
-Es muy sencillo, vengo a cancelar el proyecto.
-Pe... ¿cual proyecto?
-Ya sabe cual proyecto, tengo que cancelarlo inmediatamente.
-Pero... pero no puede cancelar el proyecto...
-¿Por qué no? Ya estoy harto de estarla pensando a cada rato. Ya no quiero repetir su nombre ni verla en cada paso que doy. No quiero saber nada de ella ni de su vida. Cancelen el proyecto de una vez para ya no soñarla ni desearla. Ya no quiero esperar una llamada que nunca sucederá ni desear fervientemente una noche más con ella. No puedo soportar seguir con esta nostalgia, con este sufrimiento y este deseo de escucharla, de besarla, de regresar el tiempo...
-Señor, yo entiendo su consternación, pero tenemos un contrato firmado por un mínimo de un año... no podemos cancerlar el proyecto así como así...
-Desde luego que conozco la existencia de dicho contrato, pero tiene que haber alguna manera de terminar repentinamente esto. Las estadísticas de la empresa demuestran que este proyecto está consumiendo demasiados recursos y ya estamos en números rojos. La proyección para el resto del año son pérdidas impresionantes y no puedo permitir que esta situación continúe, podría llevar a toda la compañía a la bancarrota.
-Hm... concuerdo con usted acerca de la baja redituabilidad del proyecto, pero no se puede hacer nada al respecto. Con todo el respeto licenciado, usted sabe que los negocios de alto riesgo siempre pueden resultar en catástrofes.
-Lo sé, pero nadie nunca me informó sobre el riesgo de este negocio. Sinceramente, la presentación preliminar demostraba que sería un negocio de alto rendimiento y con muchos beneficios a largo plazo... me embaucaron.

El gerente descolgó el teléfono de su amplio escritorio y marcó a la secretaria.

-Porfavor comuníqueme con el Director del área subconsciente... dígale que es urgente... ¿bueno? que tal, ¿como estas? oye, necesito que vengas inmediatamente a mi oficina... no importa, el jefe está aquí... si, te espero.

Colgó el teléfono y al poco rato llegó el Director del subconsciente. Saludó propiamente y se unió a la conversación. El gerente de memoria se dirigió al recién llegado:

-No te quiero hacer perder el tiempo, sé que eres una persona ocupada, sólo que necesitamos aclarar una pequeña situación. ¿Tu departamento no informó al licenciado sobre los riesgos del proyecto?
-Sobre... ¿el proyecto? -El director se veía un tanto extrañado. -Licenciado, con todo respeto permítame recordarle que desde antes de iniciado el proyecto, mi departamento tuvo varias reuniones directamente con usted y se le comunicó del alto riesgo involucrado en el proyecto. No puede reclamarnos negligencia, de hecho, tenemos un contrato firmado por usted donde acepta la responsabilidad de este proyecto. Recuerde que se hizo una presentación a través de sueños y otros medios de alta tecnología multimedia. Estuvimos trabajando en conjunto con el departamento de relaciones exteriores y también puedo asegurar que aquel departamento estuvo haciendo un importante esfuerzo para prevenirlo. Hay registros filmados sobre personalidades externas que se ocuparon de advertirle. Si lo desea, puedo llamar al Director de relaciones externas para que traiga las pruebas...
-No es necesario -Interrumpió el gerente de memoria. -Si el Licenciado no tiene algo más que agregar, supongo que no necesitamos más de su presencia.
-Pues entonces quedo a sus órdenes para cualquier otro asunto -concluyó el Director. -si me permiten, debo retirarme porque estamos coordinando la creación de un cuento en este preciso instante.

El Director del subconsciente se despidió y salió de la oficina. El Licenciado se veía con una cara de gran preocupación mientras extraía de su saco un largo tubo de antiácidos masticables. Desde su teléfono celular hizo una llamada rápida y en poco tiempo entró en la oficina una persona más: el abogado más importante de la compañía.

-Tome asiento, porfavor... La situación es la siguiente: necesito cancelar el proyecto inmediatamente pues de no ser así la catástrofe financiera podría destruir por entero a la empresa.
-Hm... pues es más complicado que eso, Licenciado -contestó el abogado -El contrato de por medio podría ocasionarnos problemas legales aun peores que la quiebra. Además, la probabilidad de que usted termine preso es altísima, no tendríamos forma de defendernos ante una demanda...
-Pero es imperativo que el proyecto no continúe... las acciones de la empresa se encuentran constantemente a la baja y el futuro no es nada prometedor si seguimos por este camino. Debe haber alguna forma de lograrlo.
-...podría haber una forma, pero implicaría muchos sacrificios para todos -comentó el abogado, casi para sí mismo. -Primero que nada, habrá que absorber las pérdidas del proyecto y tratar de conseguir nuevas firmas que permitan solventar los gastos que ya se han realizado, esperemos que el departamento de economía desarrolle un plan adecuado... el segundo paso, y más importante, se dará en conjunto con el departamento de memoria el cual necesitará sacar toda la información relacionada con el proyecto...
-No habrá problema con eso -mencionó el Gerente de memoria. -En un lapso no mayor de 30 días hábiles podremos...
-¿¡Treinta días hábiles!? -Interrumpió el Licenciado. -¡Pero la empresa no podrá seguir en esta situación por treinta días más... esto es un ultraje!
-Disculpe Licenciado, pero no hay manera de archivar la información de una manera más rápida...
-¡¿Archivar?! ¡Pero no quiero que se archive nada! ¡Desháganse de toda la información! 
-No se puede hacer tal cosa -Comentó el abogado. -toda la información deberá archivarse en la bodega de "Ciclos no cerrados", donde permanecerá acumulando un impuesto kármico, pero al menos no ocasionará pérdidas directas al capital de la empresa.
-Impuesto kármico... 30 días hábiles... ¡esto es inaudito! ¡Acabamos de terminar de saldar nuestra cuenta con el Banco del Karma! Quién se iba a imaginar que hace solo unos meses la empresa se encontraba en la cima de la productividad... ¿Cómo voy a poder administrar una corporación que se desmorona?
-Tiene que aceptar las consecuencias de sus actos Licenciado, esta es la mejor opción que tiene por el momento... porfavor firme aquí y comenzaremos a trabajar inmediatamente...

Durante un momento, el Licenciado se quedó pensativo y trató de calmarse. Tomó otro par de pastillas antiácidas y firmó la papelería correspondiente. Salió de la oficina sin despedirse y abandonó el edificio. Subió a su automóvil y dejó caer su cabeza contra el volante.

-¿Cómo chingados se me ocurrió meterme en este pedo?

4.6.05
Devuélveme mis pinches cosas

En la mañana que me estaba masturbando, entre la cruda, el asqueroso sabor a cenicero en la boca, la vena palpitante de la sien y el dolor de las articulaciones, pensé que no tenía que hacer esas degradantes pendejadas. Recordé que en alguna parte de esta cochina ciudad tenía una vagina, y no porque fuera un hermafrodita, sino porque me la regalaron. Quiero mi vagina de regreso. Acuérdate que me la regalaste una noche y me dijiste: "es tuya, haz lo que quieras con ella". Me regalaste tus labios, tus piernas, tu lengua y tu nariz. Ya me cansé que los tengas tú. A ti ya no te quiero, solo quiero mis cosas de regreso. Ya no quiero que toques nada con esas manos, porque son mías, tu me las diste. Me diste tus dedos y tu cabello. Mas te vale que no estés sentada en una silla con las nalgas que me regalaste, porque las quiero aqui ahora sobre mi regazo.

No quiero ni pensar que le regales o siquiera que le prestes mis cosas a otras personas. Soy sumamente celoso y egoísta y no me gusta compartir nada con nadie. De hecho, tampoco quiero compartir esas cosas contigo, las quiero sólo para mí. Quiero que esos ojos sólo me vean a mí como solían hacerlo, simplemente porque son míos y puedo hacer lo que quiera con ellos. Deseo tocar esa espalda mía que me vuelve loco y en la que me fascina deslizar mis dedos cuando se encuentra bañada en sudor.

Mis manos están listas para recibir de nuevo los senos que me pertenecen por derecho. Esos son míos nadamas. Necesito lamerlos y chuparlos hasta que me canse. Quiero cubrirlos de saliva y semen.

Estoy loco porque quiero mis cosas de regreso. Si no estás dispuesta a devolvérmelas, te puedo demandar porque tenemos un acuerdo de palabra. "Es tuya, te la regalo", eso me dijiste "son sólo para tí", solías repetir... Entonces las reclamo de vuelta. Las quiero aquí. Ya. Si no puedes traérmelas, avísame para pasar a recogerlas. Espero recibir tu llamado pronto a horarios de oficina, ya sabes donde encontrarme. Te doy un máximo de 15 días hábiles porque si no comenzaré el proceso legal contra tí y pronto te llegará un citatorio. También habrá un par de cargos extras por depreciación, quizá con eso pueda conseguir las otras partes que no me regalaste, como tu ombligo, tus codos, la parte de atrás de tus rodillas...

Sólo me da un poco de tristeza que lo más adentro de tí que me pudiste regalar fue tu vagina. Nunca me regalaste tu cerebro ni tu corazón. No puedo reclamarte que me ames porque eso es algo que nunca me ofreciste, nisiquiera me lo prestaste tantito... Pero en fin, supongo que ya no se puede hacer nada por eso, así que devuelveme mis pinches cosas y ya quedamos a mano ¿ok?

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Una manita de gato le fata a esta página...

A ver si me pongo a escribir otra vez...

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