Pinche Buho





Buho habla de él mismo en tercera persona, si así lo desea.



   

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Pinche Buho es propiedad de:
Lic. José Aurelio Tamez Teillery
12.8.04
Ver llover

Desde chavito siempre he vivido en el norte de México. Justo donde los geógrafos no se deciden si es desierto o no. Aquí, la lluvia se puede tomar como punto de referencia en el tiempo, y es precisamente en días lluviosos como éste cuando mi mente se desprende de mi envase físico y se traslada al rancho de mi abuelo...

"Lo malo de la lluvia..." ,decía el abuelo "...es la pinche polvadera que levanta." Y era cierto, podía llover por horas y el suelo no se mojaba. Era como si sólo fuera una capa inexistente y las gotas de lluvia la atravesaran para depositarse en un contenedor interno. Recuerdo ver nubes de polvo ocasionadas por el choque de las gotas de lluvia con el suelo. Polvo amarillo y estéril donde sólo se podían sembrar nopales.

Adentro de la casa yo sufría horrores observando el techo y esperando el momento que éste se derrumbara. Tenía burbujas de humedad y crujía constantemente. La verdad nunca me puse a pensar que ese techo que para mí era tan frágil tenía decenas de años que respaldaban su firmeza.

Era bastante extraño cómo toda la gente del rancho se salía al porche de sus casas para "ver llover". La lluvia era un fenómeno tan aislado que valía la pena tomarse el tiempo para disfrutarlo junto a una taza de café de olla. El aroma de café se extendía por toda la casa y se fundía con aquel de la madera vieja y ropa apolillada.

La lluvia no sólo hacía crecer las plantas, sino que generaba a una serie de animales e insectos que no existían regularmente en el rancho. Sinfonías enteras de ranas y sapos reemplazaban el terriotrio sonoro de las chicharras.

Por las noches, el olor a tierra mojada y leña, a tamales y tortillas de maíz recién hechas; cientos de palomillas refugiadas bajo la cálida luz de un foco de 60 Watts; perros ladrándole a la lluvia y a los relámpagos...

Después de la cena, mi abuelo salía nuevamente al porche. Se sentaba en su mecedora y encendía un cigarro de esos sin filtro que tanto le gustaban. Allí en el porche me contaba alguna historia, como aquella que hablaba de cuando el abuelo era pequeño... tendría casi mi edad.... aquella vez que llovió tanto, quel agua brotaba de la noria y los arrollos se desbordaban y parecía como si el agua se fuera a llevar todo...

Pero el agua no se llevaba nada. A la mañana siguiente se podía observar el vapor saliendo de la tierra ardiente y se sentía un bochorno insoportable. Nuevamente se secaba el suelo, las casas y los campos. Todo volvía a la normalidad, casi como si hubiera sido tan solo un bonito sueño... 

5.8.04
La profe sin nombre

Pues bien... yo estaba sentado en el Sanbron's del Centro, ese al que puedes accesar por Morelos o por la Plaza Hidalgo. Acababa de verme con un amigo y ya se había retirado. Yo me quedé tomando café y leyendo Lodo de Guillermo Fadanelli cuando se me acercó una mujer de unos 37 años aprox. De inmediato la reconocí, ella había sido mi maestra en una cursillo de literatura en la facultad y me preguntó: "¿Qué estás leyendo?" En ese momento recordé que en una clase ella nos había hablado de Fadanelli "...no podemos analizarlo en esta clase por las políticas de la universidad..." -nos había dicho- "...pero es bastante bueno". Eso bastó para que yo le diera una oportunidad al defeño escritor y en menos de una semana ya había adquirido un libro de él: Más Alemán que Hitler

-El Lodo de Fadanelli -le respondí.
-Ohh, muy bueno ¿no te parece?
-Si... soy fan.

Durante ese tiempo, mi mente trataba forzosamente de recordar el nombre de aquella profesora... ¿Bertha? ¿Gertrudis? definitivamente tenía el semblante de una Gertrudis, pero el nombre no coincidía... debería tratar de conseguir pistas... o dejarlo de lado... al fin que tenía la opción de dirigirme a ella sólo como "profe". 

-¿No te parece fantástico imaginar que todas esas cosas pasen en el DF? - Continuó la maestra.
-¿Cómo?
-Pues sí, que sea tan fácil conseguir drogas, o que haya tanta prostitución y sexo y homosexualismo y un mundo nocturno tan ajeno a nosotros. Hay veces que pienso que sólo es una realidad demasiado exagerada.
-...¿ajeno? pero profe, todo eso también lo tenemos aquí.

Me miró inquisitivamente y algo asombrada. Después de un tiempo balbuceó:

-...tu... ¿estas?... tienes... ¿alguna relación con este mundo?
-Pues sí, no es nada extraño, es sólo de darse una vuelta... de hecho a mí me gusta el Fadanelli por estar tan apegado a la realidad.
-Pero... ¿seguro?
-No entiendo su reacción.
-Pues esque... esque siempre me pregunté cómo sería vivir así, conocer todas esas cosas... probar, experimentar...

Comprendí de pronto a dónde quería llegar... quería que yo la condujera por ese mundo depravado y libertino que vive en las callejuelas y derruídas construcciones de las grandes ciudades...

-Pues todo depende de la cantidad de dinero que quiera gastar profe, por ejemplo, si usted quisiera...
-Sí, sí quiero -Respondió sin siquiera dejarme terminar mi frase.
-¿Trae carro?
-Sí
-Pues entonces vámonos.

Apenas llegamos a su automóvil y le comencé a dar direcciones para llegar a casa de un amigo para conectar. Con el dinero de la maestra compré mota y soda. Después de esconder en mi pantalón una parte para mí, regrese al carro y nos dirigimos a su departamento. Tomamos vodka y cerveza. Fumamos mota y ya entrada la noche nos metimos un par de líneas de soda para recobrar energías.  Ya cuando estaba hasta la madre, la profe comenzó a llorar. "¡Que hueva! pensé yo, ya va a empezar esta vieja con la lloradera... de no ser porque ella puso todo el varo..."

-¿Sabes? -dijo- cuando era joven pensaba en mantenerme virgen hasta casarme... luego me dí cuenta que quizá no me casaría nunca, pero ya era muy tarde... ya nadie quería salir conmigo...

"Puuuutamadre..." pensé yo, "...esta vieja quiere coje..." Pero de pronto sentí lástima por ella. Era bastante fea y vieja y nunca se había metido con nadie... quizá nunca lo haría a menos que pagara por ello. Mientras pensaba esto, se me acercó y me besó. No hace falta describir el resto: me acosté con ella por lástima. A la mañana siguiente me salí del departamento (llevandome desde luego, lo que quedó la noche anterior).

Semanas despues, mientras me encontraba tomando mi riguroso café en Sanborns, llegó la maestra con una amiga. No tardé en darme cuenta que era otra señora dejada que quería onda conmigo. La verdad no se me antojaba nada, pero me ofrecieron pagarme el guato y lo que yo quisiera. En cuestión de meses me había convertido en un puto para señoras viejas, casadas insaftisfechas y gordas rechazadas. Me invitaban a demostraciones de Tupper Ware y de allí me iba con alguna de las rucas. Mi profesora se había convertido en toda una alcahueta profesional y yo comenzé a hacer de éso mi fuente de ingreso principal...

La verdad nunca me he considerado guapo ni fornido ni interesante ni inteligente, pero al parecer a las viejas zorras nunca les importó y yo ganaba dinero con ello. Claro, hasta que me reemplazaron por otro guey más joven. No me había dado cuenta hasta ahora que soy rechazado y exiliado, de lo mucho que disfrutaba de esas carnes flácidas, de esas mujeres mayores que gemían como colegialas, del sabor a maquillaje barato en mis labios, la ropa interior poco atractiva, los vestidos de flores, las vaginas marchitas, el perfume de señora, los senos caídos... 

1.8.04
Läther

Hoy en la mañana me levanté y no podía creer lo que me había pasado. Abrí los ojos con un dolor punzante en los párpados y a tras el primer movimiento para salir de la cama, mi cuerpo comenzó a arder con fuertes dentelladas de dolor, como si estuviese en una cama de brasas ardientes. El dolor se volvió insoportable y arrojé unos aullidos desesperados cuando por fin me puse en pie pues sentí como si mis plantas estallaran al entrar en contacto con la alfombra de mi habitación. Sometido por el dolor caí al suelo, lo cual ocasionó mas sufrimiento. Fué hasta que volteé hacia mis brazos que observé, horrorizado, que no tenía un solo tramo de piel en mi cuerpo.

Tocar cualquier cosa resultaba sumamente doloroso e insoportable. Pronto decidí que ponerme en pie sería la posición menos dolorosa para mi cuerpo, pues el dolor sólo se concentraba en mis plantas. Batallé horrores para levantarme, pues cada mano que utilizaba para impulsarme hacia arriba me ardía de una manera escalofriante.

A duras penas logré llegar al baño, donde observé aterrado mi apariencia. Podía ver todos los músculos de mi rostro y cómo se alternaban para dar forma a mis grotescas expresiones faciales. Tomé la estúpida decisión de bañarme. Digo estúpida pues apenas abrí la regadera y sentí como miles de clorhídricas gotas de ácido atravesaran mi cuerpo dañándolo mientras escurrían carcomiendo mi cuerpo. Una vez más grité desesperado y tomé una estúpida segunda decisión: me puse una toalla encima.

Describir el resto de mi dolorosa hazaña matutina sería redundante, pues resulta más que obvio que no podía realizar absolutamente ninguna acción sin que me invadiera un dolor paralizante. Después de varias horas de estar de pie (pues no podía sentarme ni recargarme en ningún lado), comencé a sentirme sumamente agotado y frustrado, así que se me ocurrió una idea fabulosa. Abrí mi closet y allí estaban: las prendas que salvarían mi existencia.

Tomé mis pantalones de piel y me los puse. Al instante dejé de sentir el embate doloroso del aire circundante y pude sentarme a gusto en la cama por un momento, mientras calzaba mis viejas botas de piel. Felizmente pude pararme sin dolor alguno y ponerme mi chaqueta (también de piel) reduciendo considerablemente el dolor que atormentaba a mi espalda.

Concluída mi tarea, me dirigí hacia la pulga. Fuí caminando porque no podía manejar el volante de mi automóvil sin lastimarme las manos. Al llegar a la pulga visité el puesto de artículos para metaleros. Compré unos guantes negros de piel y una máscara con un zipper en la boca.

Mi psiquiatra dice que la piel no se me ha caído, que es ilógico que ésta haya desaparecido de un día para otro de mi cuerpo y que no se haya encontrado en ninguna otra parte de la casa. Dice que si me quedara sin piel en verdad, el dolor me habría matado. Yo sólo pienso que es un idiota que no conoce el verdadero sufrimiento, sin embargo concuerdo en una cosa: estoy seguro que si me quito mis prendas de piel, moriré de sufrimiento... 

28.7.04
El cuarto elemento

Todo comenzó hace unas décadas. La podredumbre se hizo más evidente, así que monté mi caballo blanco, y con mi arco comenzé a lanzar la peste a la Tierra. El primer ataque fue hacia las plantas. Acabe con los bosques más importantes, las selvas y los sembradíos. Infecté los pastizales, los cuales a su vez infectaron al ganado. Uno tras otro los animales fueron enfermando y contagiando a los humanos. Las drogas fueron un arma poderosa contra la humanidad. Al poco tiempo la peste se extendió a cada rincón del planeta. Salí venciendo y para vencer...

Una vez concluída mi tarea, apareció el segundo de nuestro equipo. Con su caballo bermejo plantó la semilla de la discordia entre las familias, las naciones y las razas. Arrancó la paz de la tierra con un limpio golpe de su gran espada. La guerra se difundió en el mundo de una manera tan espectacular y hermosa que no hubo un solo humano que se librara de ella.

No tardó en unirse a nuestra tarea mi mejor amigo. Montado en su caballo negro desencadenó una tremenda sequía dañando los alimentos y porvocando la escasez. En cuestión de segundos derrotó a la dama ciega y el hambre cubrió a los sectores más pobres de la tierra. Tomó su balanza e hizo de la injustica su bandera. Esa noche celebramos con los mejores vinos, los cuales habían quedado intactos después de su embestida.

Amaneció y nosotros seguíamos esperando la llegada del último miembro de nuestro ejército de destrucción, pero éste no se presentó.
-¿Dónde está Muerte? -Preguntó Guerra.
-No lo sé, ya debería de estar aquí. -Respondí algo extrañado.
-Quizá deberíamos esperarlo un poco más -Opinó Hambre- podríamos continuar atormentando a la humanidad mientras tanto...
-Me parece una buena idea -Repliqué complacido- ¡Adelante jinetes, que tenemos en nuestras manos una de las tareas más deliciosas y fascinantes! ¡Hagamos sufrir a las personas!

Y así nos retiramos y continuamos con nuestro proyecto. Al cabo de un tiempo volvimos a reunirnos y contamos nuestras aventuras y graciosas anécdotas que vivimos mientras condenábamos a los humanos a un sufrimiento inimaginable. Después de risas y vítores, Hambre preguntó "¿Acaso Muerte estará planeando algo?"

En ese momento fue cuando lo ví. Supe que Muerte no se presentaría nunca, pues había diseñado un plan que ocasionaría más dolor en los humanos. Había comprendido que la muerte sólo liberaría a las personas de su sufrimiento, por lo que no estaba dispuesto a cumplir con tan atroz tarea. Muerte había logrado lo que los otros tres jinetes deseábamos con tanto afán. Había coronado la obra de los cuatro con su último acto de valentía y honor. Desgraciadamente, la subordinación de Muerte lo habría condenado a una suerte incierta en los dominios del más allá.

Comenté mis hallazgos con mis compatriotas, los cuales asintieron como si hubieran tenido la misma revelación que yo al mismo tiempo. Esa noche lloramos la pérdida de nuestro cuarto punto de equilibrio: el cuarto jinete del apocalipsis. Y sin embargo, a lo lejos logramos escuchar su risa. Observamos su imagen cruzando el cielo en su corcel amarillo oro. Su espada brillante y poderosa empuñada firmemente con la diestra y su larga cabellera ondeando con el viento.

Al unísono, los jinetes restantes nos levantamos y reímos y brindamos y celebramos. Los tres habíamos comprendido el mensaje: el día de mañana haríamos estremecer a la humanidad con el peor de los sufrimientos que jamás habría de sentir.

27.7.04
Obras del gobierno

Departamento de Obras Públicas

del Estado de Nuevo León


Ing. Román Arredondo Herrera



Me cago en el instinto de supervivencia. ¡Me cago, me cago, me cago en él! ¿Cómo chingado es posible que yo siga luchando por vivir si ya mi vida está arruinada? Puto instinto de supervivencia... ¡PUTO!

Llevo mímo dieciseis pinches días viviendo en este pozo. Técnicamente debería llevar más, pero es imposible saber cuántos porque estuve inconsciente. ¿Que cómo sobrevivo? Tragando insectos. Pinches gusanos es lo único que hay aquí abajo. Bebo agua lodosa que hay estancada en el suelo y duermo sentado porque no hay suficiente espacio para acostarme.

Pero bien dicen que las cosas pasan por una razón, y la mía es muy sencilla: por pendejo. Así es. Es muy probable que alguien encuentre esta hoja membretada algún día y aprovecho para reconocer que he caído aquí por PENDEJO. Quise venir a revisar la obra en domingo. ¿A quien chingados se le ocurre revisar la obra en domingo? ¡Pues al Ingeniero Arredondo, claro! Bien dicen que lo pendejo no se quita y al parecer es cierto. El pedo es que salí de mi casa ese domingo sin avisar a dónde iba. Muy orgulloso yo de mi trabajo y dispuesto a revisar la obra, me resbalé y caí en uno de los 150 pozos que hay cavados a lo largo de varios kilómetros cuadrados de obra.

¿Que si nadie me ha venido a buscar? Claro que sí, pero ya mi garganta no puede gritar más. A tantos metros de profundidad y cercano a una avenida altamente transitada, es difícil que mis gritos hayan logrado subir lo suficiente para ser escuchados.  

El pedo aquí es que no importa cómo caí, cuándo caí o en qué momento me vayan a rescatar. Yo ya quiero morirme y el pinche instinto de supervivencia no me deja. ¿Y porqué me quiero morir ya? Porque aún y si me llegaran a sacar vivo, la gangrena que siguió a mi caída me mandó a la verga mis piernas y ya no voy a poder caminar nunca más. ¡Pinche suerte!

Seguiré aquí escribiendo en mi block de notas mis memorias mientras me revuelco en mi propia mierda (así es... ¡tengo que cagar en algún lado!) y como insectos. Si pudiera desconectar mi instinto natural ya habría dejado de sufrir hace mucho tiempo... 





 
Vicente Guerrero #4526 Col. Centro
Tel. (81) 83100901 C.P. 64000


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Una manita de gato le fata a esta página...

A ver si me pongo a escribir otra vez...

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*Creedence el 13 de Mayo en el Auditorio Coca-Cola
*Los Autenticos Decadentes el 20 de Mayo en el Café Iguana
*Guns N' Roses el 2 de Junio en la Arena Monterrey
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