Hacía ya buen rato que no tenía una cita de esas: buena cena, plática amena, clima idóneo, chica bonita, risas, insinuaciones y grandes expectativas.
Y la noche se terminaba mientras apagaba el motor del auto frente a su casa. Bajé a despedirla y la tomé de las manos:
"Tengo algo que decirte".
Ella me soltó y buscó algo en su bolso. Pronto sacó una granada de mano y con su índice amenazó con quitarle el seguro.
"Realmente me gustas".
Retiró el seguro y me miró como diciendo: "tu te lo buscaste".
No tuve ni que pensarlo. Me abalancé sobre ella y la besé.